El Tiempo en Málaga

miércoles, 5 de febrero de 2014

POETAS ANDALUCES

Lee la siguiente lista de poetas andaluces, busca un poema de alguno de ellos y publícalo en comentarios:
1.- PILAR PAZ PASAMAR 
2.- FRANCISCO ONIEVA 
3.- ANTONIO MACHADO
4.- FEDERICO GARCÍA LORCA
5.- RAFAEL BALLESTEROS
6.- ELENA MARTÍN VIVALDI


14 comentarios:

  1. Ana 5ºB

    VERDE QUE TE QUIERO VERDE.

    Verde que te quiero verde
    verde viento verdes ramas
    el barco sobre la mar
    el caballo en la montaña.

    Verde, que yo te quiero verde.

    Con la sombra en la cintura
    ella sueña en la baranda
    verdes carne, pelo verde
    su cuerpo de fría plata.

    Compadre quiero cambiar
    mi caballo por tu casa
    mi montura por tu espejo
    mi cuchillo por tu manta.

    Compadre vengo sangrando
    desde los Puerta de Cabra
    y si yo fuera mocito
    este trato lo cerraba.

    Pero yo ya no soy yo,
    ni mi casa es ya mi casa
    dejadme subir al menos
    hasta las altas barandas.

    Compadre, quiero morir,
    decentemente en mi cama.
    De acero, si puede ser,
    con las sábanas de holanda.

    Compadre donde está dime,
    donde está esa niña amarga
    cuantas veces la esperé
    cuantas veces la esperaba

    Federico García Lorca.

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  2. Nadia 5ºB

    Como un aire suave que el verano
    nos deja entre la carne y acaricia,
    trayéndonos, ausente, la primicia
    de un otoño amarillo y más cercano.

    Como un agua que llega hasta la mano,
    sedienta de esperanza, y la delicia
    de su frescura por la sangre inicia,
    y calma el corazón. Así, lejano,

    en brisas de nostalgias florecido,
    el ala de un recuerdo, silencioso,
    ha rozado mi alma, y, suavemente,

    desde el umbral oscuro del olvido,
    un sueño, de su noche, milagroso,
    llega claro a mi sed con voz ausente

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  3. Nerea 5ºB

    ALBA

    Mi corazón oprimido
    siente junto a la alborada
    el dolor de sus amores
    y el sueño de las distancias.
    La luz de la aurora lleva
    semillero de nostalgias
    y la tristeza sin ojos
    de la médula del alma.
    La gran tumba de la noche
    su negro velo levanta
    para ocultar con el día
    la inmensa cumbre estrellada.

    ¡Qué haré yo sobre estos campos
    cogiendo nidos y ramas,
    rodeado de la aurora
    y llena de noche el alma!
    ¡Qué haré si tienes tus ojos
    muertos a las luces claras
    y no ha de sentir mi carne
    el calor de tus miradas!

    ¿Por qué te perdí por siempre
    en aquella tarde clara?
    Hoy mi pecho está reseco
    como una estrella apagada.

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  4. Nerea 5ºB

    ALBA

    Mi corazón oprimido
    siente junto a la alborada
    el dolor de sus amores
    y el sueño de las distancias.
    La luz de la aurora lleva
    semillero de nostalgias
    y la tristeza sin ojos
    de la médula del alma.
    La gran tumba de la noche
    su negro velo levanta
    para ocultar con el día
    la inmensa cumbre estrellada.

    ¡Qué haré yo sobre estos campos
    cogiendo nidos y ramas,
    rodeado de la aurora
    y llena de noche el alma!
    ¡Qué haré si tienes tus ojos
    muertos a las luces claras
    y no ha de sentir mi carne
    el calor de tus miradas!

    ¿Por qué te perdí por siempre
    en aquella tarde clara?
    Hoy mi pecho está reseco
    como una estrella apagada.

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  5. Diego 5ºB
    A PABLO NERUDA, RODEADO DE FANTASMAS

    Árbol de Sangre riega la mañana
    por donde gime la recién parida.
    Su voz deja cristales en la herida
    y un gráfico de hueso en la ventana.

    Mientras la luz que viene fija y gana
    blancas metas de fábula que olvida
    el tumulto de venas en la huida
    hacia el turbio frescor de la manzana,

    Adam sueña en la fiebre de la arcilla
    un niño que se acerca galopando
    por el doble latir de su mejilla.

    Pero otro Adán oscuro está soñando
    neutra luna de piedra sin semilla
    donde el niño de luz se irá quemando.

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  6. Beatriz 5ºB

    ELENA MARTÍN VIVALDI

    Como un aire suave que el verano
    nos deja entre la carne y acaricia,
    trayéndonos, ausente, la primicia
    de un otoño amarillo y más cercano.

    Como un agua que llega hasta la mano,
    sedienta de esperanza, y la delicia
    de su frescura por la sangre inicia,
    y calma el corazón. Así, lejano,

    en brisas de nostalgias florecido,
    el ala de un recuerdo, silencioso,
    ha rozado mi alma, y, suavemente,

    desde el umbral oscuro del olvido,
    un sueño, de su noche, milagroso,
    llega claro a mi sed con voz ausente.

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  7. Rafa 5ºB
    Mi corazón oprimido
    Siente junto a la alborada
    El dolor de sus amores
    Y el sueño de las distancias.
    La luz de la aurora lleva
    Semilleros de nostalgias
    Y la tristeza sin ojos
    De la médula del alma.
    La gran tumba de la noche
    Su negro velo levanta
    Para ocultar con el día
    La inmensa cumbre estrellada.

    ¡Qué haré yo sobre estos campos
    Cogiendo nidos y ramas
    Rodeado de la aurora
    Y llena de noche el alma!
    ¡Qué haré si tienes tus ojos
    Muertos a las luces claras
    Y no ha de sentir mi carne
    El calor de tus miradas!
    ¿Por qué te perdí por siempre
    En aquella tarde clara?
    Hoy mi pecho está reseco
    Como una estrella apagada.

    Granada, abril de 1919

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  8. Paula Reinaldo Fernandez 5ºB

    ARBOLÉ, ARBOLÉ...

    Arbolé, arbolé
    seco y verdé.

    La niña del bello rostro
    está cogiendo aceituna.
    El viento, galán de torres,
    la prende por la cintura.
    Pasaron cuatro jinetes
    sobre jacas andaluzas
    con trajes de azul y verde,
    con largas capas oscuras.
    «Vente a Córdoba, muchacha».
    La niña no los escucha.
    Pasaron tres torerillos
    delgaditos de cintura,
    con trajes color naranja
    y espadas de plata antigua.
    «Vente a Sevilla, muchacha».
    La niña no los escucha.
    Cuando la tarde se puso
    morada, con luz difusa,
    pasó un joven que llevaba
    rosas y mirtos de luna.
    «Vente a Granada, muchacha».
    Y la niña no lo escucha.
    La niña del bello rostro
    sigue cogiendo aceituna,
    con el brazo gris del viento
    ceñido por la cintura.

    Arbolé arbolé
    seco y verdé.

    autógrafo
    Federico García Lorca

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  9. Marta Luna Solis LLUVIA

    La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
    algo de soñolencia resignada y amable,
    una música humilde se despierta con ella
    que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

    Es un besar azul que recibe la Tierra,
    el mito primitivo que vuelve a realizarse.
    El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
    con una mansedumbre de atardecer constante.

    Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
    y nos unge de espíritu santo de los mares.
    La que derrama vida sobre las sementeras
    y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

    La nostalgia terrible de una vida perdida,
    el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
    o la ilusión inquieta de un mañana imposible
    con la inquietud cercana del color de la carne.

    El amor se despierta en el gris de su ritmo,
    nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
    pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
    al contemplar las gotas muertas en los cristales.

    Y son las gotas: ojos de infinito que miran
    al infinito blanco que les sirvió de madre.

    Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
    y le dejan divinas heridas de diamante.
    Son poetas del agua que han visto y que meditan
    lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

    ¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
    lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
    lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
    la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

    ¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
    almas de fuentes claras y humildes manantiales!
    Cuando sobre los campos desciendes lentamente
    las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

    El canto primitivo que dices al silencio
    y la historia sonora que cuentas al ramaje
    los comenta llorando mi corazón desierto
    en un negro y profundo pentagrama sin clave.

    Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
    tristeza resignada de cosa irrealizable,
    tengo en el horizonte un lucero encendido
    y el corazón me impide que corra a contemplarte.

    ¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
    y eres sobre el piano dulzura emocionante;
    das al alma las mismas nieblas y resonancias
    que pones en el alma dormida del paisaje!

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  10. Paula Sánchez Burgos 5ºB

    Como un aire suave que el verano
    nos deja entre la carne y acaricia,
    trayéndonos, ausente, la primicia
    de un otoño amarillo y más cercano.

    Como un agua que llega hasta la mano,
    sedienta de esperanza, y la delicia
    de su frescura por la sangre inicia,
    y calma el corazón. Así, lejano,

    en brisas de nostalgias florecido,
    el ala de un recuerdo, silencioso,
    ha rozado mi alma, y, suavemente,

    desde el umbral oscuro del olvido,
    un sueño, de su noche, milagroso,
    llega claro a mi sed con voz ausente.

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  11. Marina 5B

    Desgarrada la nube; el arco iris
    brillando ya en el cielo,
    y en un fanal de lluvia
    y sol el campo envuelto.
    Desperté. ¿ Quién enturbia
    los mágicos cristales de mi sueño?
    Mi corazón latía
    atónito y disperso.
    ...¡El limonar florido,
    el cipresal del huerto
    el prado verde, el sol, el agua, el iris!..
    ¡el agua en tus cabellos!...
    Y todo en la memoria se perdía
    como una pompa de jabón al viento.

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  12. Andrea 5ºB
    El sol, por estas tierras,

    no pone de oro el fondo de las fuentes,

    ni siquiera de plata los recuerdos

    que caen como caspa en mi chaqueta

    y deshacen lo poco que me queda de España:

    las siestas en el patio sevillano

    de mi infancia,

    los campos de Castilla de mi primer amor

    -con el tiempo se muestra reincidente-,

    la Baeza soñolienta

    o el Madrid de mi hermano, mi Manuel,

    de Mairena, los mítines,

    las manifestaciones y entrevistas

    de apoyo a la República.



    Cómo envidio, José, a los pescadores

    de estas casas, que viven



    …………………………………….libres



    de las preocupaciones que desangran los labios.

    Se adhiere a las ventanas un salitre

    que al mediodía baila en nuestros ojos

    y sugiere que en el interior

    amanece

    con un olor a leche bien caliente,

    y a bollería.



    Te confieso, José, aunque no lo creas,

    que necesito aproximarme

    a una visión más cercana del mundo,

    si quieres más humana y comprensiva,

    que sepa valorarlo

    en sus detalles más pequeños,

    y que a nadie parecen importar,

    que olvide que la vida, aunque nos cueste,

    acostumbra a mostrarnos

    nuestra parte más húmeda,

    con una sensatez de cirujano,

    ahondando en la sangre de los que ya se fueron

    y de los que nos vamos ligeros de equipaje.

    FRANCISCO ONIEVA

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  13. Barbara 5ºB
    Llegas como cualquier amanecer,

    mezcla frágil de sueños, frío y luz.

    Desnuda te derramas suavemente

    sobre la piel. Sin ruido.



    Te entregas, con arena en tus palabras,

    perdiéndote en el pozo

    de unos brazos que tienen la cadencia

    de la espuma del mar.



    Levantas con tus manos castillos de papel,

    pentagramas de jaras,

    la marea de los charcos sin límite

    y las alas quebradas del deseo.



    Tú, guía, que presentas el anverso

    de la ciudad y de sus luces,

    la penumbra del labio amado,

    y traes a los sueños

    el aroma de las escurridizas

    leyendas infantiles.



    No bastan las cenizas que se vierten

    sobre el tallo sesgado del jazmín

    ni el aire que se escapa a bocanadas

    por las rendijas entreabiertas

    del cielo.



    La vida es una torpe elipsis

    y nos cuesta.



    FRANCISCO ONIEVA

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  14. Paula 5B

    Llegas como cualquier amanecer,

    mezcla frágil de sueños, frío y luz.

    Desnuda te derramas suavemente

    sobre la piel. Sin ruido.



    Te entregas, con arena en tus palabras,

    perdiéndote en el pozo

    de unos brazos que tienen la cadencia

    de la espuma del mar.

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